No existe el amor: no es más que el exceso o ausencia de elementos tales como el puro capricho, la más terrible de las necesidades o la más desagradable de las conveniencias. Y ninguna de ellas excluye a las demás.
Ayer compré una lata de pintura blanca de interior, y no la compré por ser la más adecuada en la relación calidad-precio sino por el buen rollo que me inspiró la casita feliz que ilustra el envase.
Hoy, pintamos la casa de Montefrío. Pronto quedará totalmente remodelada y será otro nuevo espacio de tranquilidad y distanciamiento.