
Odio esas conversaciones que no llevan a nada. Pero odio aún más a aquellas personas que las buscan deliberadamente, con el fin de desahogarse o de liberar su frustración. Lo peor es que todos - y ése ha sido mi caso hoy - caemos alguna vez en su juego y nos rebajamos a su nivel.
Y si hay algo que odio, es perder el control de mí mismo.
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